domingo, 14 de octubre de 2012

Peregrinación diocesana de jóvenes al Rocío

Paseando por Córdoba, entre la catedral (izq.) y el Seminario (dch.)

Como todos los años, para iniciar el curso encomendándonos a la Virgen María, nuestra Madre y Señora, realizamos una peregrinación todos los jóvenes de la diócesis a un santuario mariano, que este año fue Nra. Sra. del Rocío, en la provincia de Huelva, coincidiendo con el Año Jubilar Rociero que el Papa Benedicto XVI había declarado recientemente. El Seminario, al igual que en ocasiones anteriores, acompañó a los jóvenes durante todo el viaje, aprovechando también la ocasión para pasar tiempo con los muchachos de la parroquia de pastoral en la que estemos cada uno.
La casa de La Aldea donde nos alojamos.
  Salimos el viernes 12 por la mañana temprano, aprovechando el puente del Pilar, y llegamos al cabo de unas horas a Córdoba, nuestra primera parada antes de llegar a nuestro destino. Allí, en la antigua capital del Califato, ciudad romana, visigoda, musulmana y cristiana, visitamos la Catedral, antigua mezquita, con sus impresionantes muestras artísticas tanto cristianas como musulmanas, y celebramos la Eucaristía en el Seminario Diocesano de San Pelagio, joven mártir del 925 por mantener su castidad y su fe y que sufrió la muerte junto a otros muchos compañeros por orden del califa Abderramán III.
La Divina Pastora en Almonte.
  Después de comer llegamos a La Aldea, que es como se llama el conjunto de casas de Hermandades que se fue formando alrededor del Santuario, y nos alojamos en una de dichas viviendas, gracias a la intercesión de un sacerdote de la diócesis llamado D. Ángel Becerra, ferviente devoto de la Virgen del Rocío.
  Al día siguiente, la primera parada de nuestro viaje fue el pueblo de Almonte, donde estaba entonces la imagen de la Divina Pastora, que cada 7 años es llevada desde el Santuario, en La Aldea, hasta dicho pueblo, siguiendo una antiquísima tradición. Celebramos la Santa Misa en la iglesia del lugar y salimos hacia Palos de la Frontera, emblemático lugar por ser el puerto desde el que zarparon las tres naves que, capitaneadas por Cristóbal Colón y los hermanos Pinzón, atravesaron el Atlántico y descubrieron un Nuevo Mundo, América. Visitamos las réplicas a tamaño real que se encuentran en el museo de Palos, y también nos acercamos al monasterio franciscano de La Rábida, con el que Colón tenía mucha relación. Posteriormente, y tras venerar la imagen de la Virgen que el genovés llevó en su primer viaje, volvimos al Rocío, donde por la noche tuvimos una Vigilia de Oración con el Santísimo. 

El Santuario de Nra. Sra. del Rocío.
  El domingo 14, último día de la peregrinación, comenzamos el retorno a Alcalá pasando por el extremeño pueblo de Trujillo, cuna de los conquistadores Pizarro y Orellana. De hecho, podría decirse que la peregrinación tenía dos nervios centrales: Nra. Sra. La Virgen del Rocío y los lugares relacionados con el descubrimiento, la conquista y la evangelización de América como modelo para la Nueva Evangelización y para adentrarnos en el Año de la Fe convocado por Su Santidad el Papa Benedicto XVI hacía unos días. En su majestuosa iglesia celebramos la Eucaristía y en la plaza mayor, custodiada por una solemne estatua ecuestre del conquistador del Perú, comimos lo que cada uno había llevado; finalmente, emprendimos el viaje de retorno a nuestra ciudad, con la aventura americana de España en la mente y la devoción a la Blanca Paloma en el corazón.
Seminaristas en las réplicas de las naves de Colón