miércoles, 10 de julio de 2013

"Jornada de Seminaristas, novicios y novicias" en Roma

Algunos seminaristas en la Plaza de San Pedro
  Su Santidad el Papa emérito Benedicto XVI hacía tiempo había convocado para los días 4 a 7 de Julio un encuentro en Roma titulado “Jornada de los seminaristas, novicios, novicias y de cuantos están en camino vocacional”, en el marco del Año de la Fe. Los actos centrales estarían presididos por el Santo Padre Francisco, y consistirían en una Audiencia en el Aula Pablo VI el día 6, sábado, y una Eucaristía la mañana siguiente en la Basílica de San Pedro. El Seminario Mayor de Alcalá, haciéndose eco de ese llamamiento, pudo organizar todo lo necesario para acudir a dicho acontecimiento.
  Alojándonos en una parroquia de Roma, llegamos unos días antes del inicio de la Jornada, y recorrimos algunos de los lugares más señalados de la “Ciudad Eterna”. Durante aquellos días visitamos iglesias, basílicas, catacumbas y otros enclaves significativos de la capital italiana. Además, nuestros formadores nos condujeron hasta la prestigiosa Universidad Gregoriana de Roma, donde muchos de nuestros sacerdotes de la diócesis se han formado, incluido el equipo de formación del Seminario. Además, un día algunos viajaron hasta el pueblo de Asís, recorriendo los lugares de San Francisco y de Santa Clara, mientras otros nos acercamos a Villa Tevere, donde descansan los restos del Santo fundador del Opus Dei, Josemaría Escrivá de Balaguer y su sucesor, el Venerable Álvaro del Portillo.
Eucaristía en una cripta de la Basílica de San Pedro
  El primer acto de la Jornada tuvo lugar el Jueves 4 por la tarde. Más de 6.000 personas entre seminaristas, novicios y novicias nos habíamos congregado a los pies del Castillo del Santo Ángel, y nos dirigimos hasta la Plaza de San Pedro rezando el Rosario. Una vez allí, rezamos todos juntos, cada uno en su idioma, pero unidos por una misma fe, el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria e hicimos Profesión de Fe. A continuación entramos por la puerta central a la Basílica, caminando, mientras un coro cantaba las Letanías de los Santos, hasta la tumba de Pedro, para venerarla pidiéndole que la Piedra de la Iglesia nos confirme en la fe; más tarde volvimos a la Plaza de San Pedro y allí Monseñor Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, nos dirigió unas palabras, junto con Mons. Angelo Comastri, arcipreste de la Basílica de San Pedro.
Luis Fuentes, Joseja y Vicente en el Aula Pablo VI
    El viernes por la noche acudimos a un Festival Vocacional en la Plaza del Campidoglio, donde se sucedieron numerosos testimonios y canciones sobre el gran tema de la llamada de Cristo para seguirlo y dedicar su vida a Él y a su Iglesia. Al día siguiente nos reunimos en torno al Vaticano expectantes ante la Audiencia que tendría lugar en el Aula Pablo VI. Una vez dentro, escuchamos la música de cantantes como los irlandeses “The Priests” o la chilena Hermana Glenda, y los testimonios de un sacerdote estadounidense involucrado en las comunicaciones, una religiosa agustina italiana y nuestro conocido Juan Manuel Cotelo, director de la “Última Cima”. La Audiencia con el Papa fue increíble. Como suele hacer, a la vez que consigue que su auditorio se sienta cómodo y sereno escuchándolo no deja escapar una oportunidad para avisar severamente sobre peligros y actitudes desviadas que pueden acecharnos en nuestro camino. La cultura de lo provisional y la necesidad de hacer una elección definitiva; la austeridad en el sacerdote; la verdadera fuente de la alegría (distinta de la euforia del momento); el celibato y la paternidad pastoral, la formación de los seminaristas en sus cuatro dimensiones (espiritual, intelectual, humana y apostólica); y  la fraternidad sacerdotal fueron los principales temas que tocó durante su intervención, en la que, con su espontaneidad y gracia habitual, hubo momentos en los que consiguió arrancarnos una buena carcajada a todo el auditorio. A continuación nos dirigimos a los Jardines Vaticanos, donde rezamos el Santo Rosario recorriendo sus coloridos paseos y avenidas.
Desde lo alto de la cúpula de la Basícila Vaticana
  El domingo celebramos la Santa Misa con el Papa en la Basílica, y allí también nos dirigió palabras muy especiales para nosotros, con una claridad y una sencillez que calan rápido y profundo en quien lo escucha. Respecto al pasaje del evangelio de aquel día, cuyo gran tema era la misión, su homilía se centró, como viene siendo habitual en él, en tres puntos bien concretos: la alegría de la consolación, cuya fuente es la ternura y la misericordia de Dios, que estamos llamados a compartir; la cruz de Cristo, fundamental en la misión cristiana y que no tiene que ver con la visión mundana y triunfalista del mundo; y por último la oración, que es imprescindible en todo cristiano (y más aún en los consagrados a Él), como punto de partida de la misión y súplica al Señor por las vocaciones. Al finalizar la Eucaristía, salimos a la Plaza de San Pedro, para rezar con Su Santidad el Ángelus. Al finalizar, volvimos a la parroquia donde nos alojábamos, desde donde partimos al día siguiente hacia el aeropuerto para volver a nuestros hogares.
  Fueron momentos muy especiales para nosotros, tanto por las palabras que nos dirigió directamente el Papa Francisco, sucesor del pescador de Galilea y guardián de la Tradición Apostólica, como por la oportunidad de visitar tantos enclaves fundamentales en la tradición de la Iglesia como son los sepulcros de la pléyade de santos cuyos restos descansan en Roma, entre los que están, con una especial relevancia, los de San Pedro y San Pablo. Visitar sus tumbas fue una ocasión de gracia en la que pedimos su intercesión muy especialmente por nuestra Diócesis y seres queridos, y para que el Señor nos regale la fidelidad a Cristo y el ardor apostólico de los elegidos del Señor.