jueves, 18 de diciembre de 2014

Cena de Navidad

  Como todos los años, la semana previa a la Navidad el Seminario ha participado en dos comidas fraternas con el presbiterio de Alcalá:

Eucaristía en el convento de las clarisas de Nª Sª de la Esperanza.
  El martes 16 de diciembre acudimos a la tradicional comida de Navidad con todo el presbiterio de Alcalá, invitados y presididos por nuestro obispo, D. Juan Antonio Reig Pla, en los Salones OMA de La Garena. Como es ya costumbre en los últimos años, en los postres los seminaristas cantamos en coro unas piezas navideñas en gregoriano.

Bendición del Misterio por D. Juan Antonio.
  El jueves 18 de diciembre por la tarde fuimos al Convento de Santa Clara a celebrar la fiesta de Santa María en el rito hispano-mozárabe. La celebración de la eucaristía estuvo presidida por el rector del seminario mayor, y acudimos tanto los seminaristas del seminario mayor como del menor, además del pueblo fiel y las hermanas clarisas del Convento.
  
Instantánea de la cena de Navidad en el Seminario.
   A continuación, celebramos en el Seminario la Cena de Navidad, presidida por nuestro obispo, con los sacerdotes de las parroquias en las que colaboramos en la Pastoral. Alrededor de setenta personas, entre las que se encontraban también los seminaristas menores, compartimos la cena que con tanto esmero prepararon Maite, Carmen y Mari.  


Algunos seminaristas durante la cena.
  Después de la cena, pasamos al Salón del Seminario, donde D. Juan Antonio bendijo el belén, y cantamos los tradicionales villancicos. A continuación, cada sacerdote abrió el regalo que le realizó su “amigo invisible”, juego ya tradicional en los últimos años en este evento. Después de despedir a todos los invitados, incluido el Sr. Obispo, tocó el turno al “amigo invisible” de los seminaristas.

Capilla del Seminario adornada para la Navidad.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Retiro mensual de Diciembre

Miguel Ángel durante una meditación
  Como viene siendo habitual, el pasado 6 de diciembre tuvimos en el seminario el retiro de primer sábado de mes. En esta ocasión el acontecimiento tuvo una importancia mayor, ya que servía como preparación para la celebración de la Inmaculada Concepción, el siguiente lunes 8, fiesta del Seminario Mayor y día en el que algunos de los seminaristas recibirían ministerios laicales y admisión a órdenes. El sacerdote invitado para impartir dicho retiro fue D. Miguel Ángel Pardo, sacerdote de nuestra diócesis y párroco de la Santa Cruz de Coslada.
Adoración del Santísimo.
  El retiro estuvo enfocado desde un punto de vista sacerdotal, con una intención de renovar nuestro compromiso y nuestra fidelidad a Aquel que nos ha llamado. Centró la primera meditación en la relación vida-Eucaristía, algo que todo cristiano debe vivir pero muy especialmente los que hemos sido llamados a presidir la celebración eucarística. La  segunda meditación, por su parte, tuvo un enfoque más desde el discipulado y el seguimiento personal.
  Como en todos los retiros, tuvimos la celebración de la Santa Misa en el centro del día, presidida por el padre predicador. Concluimos dicha jornada con la exposición del Santísimo y el rezo de las II Vísperas de Adviento de modo solemne. 
  Damos las gracias a D. Miguel Ángel por su disponibilidad en este día tan importante para los seminaristas y por todo lo dicho en este retiro.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Viaje a Alba de Tormes y Salamanca

Santa Misa en el convento de Alba de Tormes
   El pasado lunes 10 de noviembre, al ser día no lectivo en la facultad (debido al traslado de la solemnidad de la Almudena), el seminario al completo realizamos una excursión a Alba de Tormes y Salamanca, con motivo del V centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, que se celebra este curso.
  En la mañana visitamos Alba de Tormes, el lugar donde murió la santa andariega, concretamente en el Monasterio de la Anunciación de Nuestra Señora de Carmelitas Descalzas, el 4 de octubre de 1582. Allí pudimos rezar ante la urna sepulcral del retablo mayor, que guarda su cuerpo, la reliquia más venerada del Carmelo (y junto a ella, dos de sus reliquias más insignes: el brazo izquierdo y su corazón).
  En el Monasterio visitamos también su bellísimo Museo Carmelitano, que posee una colección, de extraordinaria calidad, de lienzos (de los siglos XVI al XVIII), esculturas, ornamentos, estandartes, orfebrería, cerámica y ajuar conventual (en su mayoría donaciones al Carmelo procedentes de todo el mundo). En la planta inferior encontramos, con su escaparate original, una de las obras más valiosas del patrimonio artístico conventual, la Dolorosa, que alrededor de 1675 esculpió Pedro de Mena.

Visita al sepulcro de Santa Teresa

  Finalizada la estancia en Alba de Tormes, nos dirigimos a la cercana Salamanca, donde en primer lugar, visitamos el Teologado “San Juan de la Cruz y Santa Teresa”, donde residen los seminaristas de las diócesis de Ávila, Salamanca, Segovia, Ciudad Rodrigo y Zamora, durante su formación teológica en la Universidad Pontificia de la ciudad. Después de almorzar con ellos, visitamos su capilla, que posee unos grabados del escultor Antonio Oteiza. Agradecemos la excelente acogida que recibimos por parte de los seminaristas y de su Rector, D. Gaspar Hernández.

D. Gaspar nos explica la obra de Oteiza en la capilla del Seminario

  A continuación, visitamos las Catedrales “Vieja y Nueva” de la ciudad: Realmente –como nos aclaró nuestro cicerone, D. Mariano Casas, restaurador jefe de los edificios– se trata de una sola catedral, que tuvo que ampliarse para acoger al pueblo fiel transcurridos los siglos. En primer lugar, D. Mariano nos guió a través de la historia y el simbolismo de los frescos y arquitectura de la Catedral Vieja (dedicada a Santa María de la Sede): Fundada por el obispo Jerónimo de Perigord, se empezó a construir en el primer tercio del sigo XII y se terminó a finales del siglo XIV, en estilo románico y gótico. En el retablo mayor, se encuentra la imagen de Santa María de la Vega, patrona de la ciudad. Seguidamente, visitamos la Catedral Nueva (de la Asunción de la Virgen), cuyo muro sur se apoya sobre el muro norte de la Catedral Vieja. Es la sede de la Diócesis de Salamanca. Fue construida entre los siglos XVI y XVIII, mezclando los estilos gótico tardío, renacentista y barroco. Agradecemos a D. Mariano su explicación erudita y sus aclaraciones a nuestras preguntas.
  Ya anochecido el día, regresamos a Alcalá.


Foto de grupo en la fachada de la Universidad de Salamanca


sábado, 1 de noviembre de 2014

Retiro de Noviembre

Ángel Castaño presidiendo la celebración de la Eucaristía.
  Coincidiendo con la Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre), los seminaristas tuvimos nuestro tradicional retiro mensual, esta vez bajo la dirección del sacerdote de nuestra Diócesis de Alcalá de Henares y profesor de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, D. Ángel Castaño Félix.
  Con el hilo conductor de la santidad a la que todos estamos llamados, la jornada se organizó, como de costumbre, con dos pláticas, una por la mañana, a las 10:00 y otra por la tarde, a las 16:00 y con el Santísimo expuesto, con la Eucaristía como elemento central.
  La plática de la mañana estuvo dedicada a dos notas que nos deben acompañar en nuestro camino hacia la vida eterna: alegría y esperanza. Alegría de saber que no estamos solos, sino que “nos contemplan los que ya han llegado a la meta, conocidos o no; y esto es una vacuna contra el individualismo” dijo D. Ángel. Y la segunda nota, la esperanza de conocer las vidas de los que ya disfrutan de la presencia de Dios: personas que han luchado como nosotros contra sus debilidades, sus pecados, y que han recibido el don de la santidad, porque han dejado a Dios morar en ellos. Como referente de este camino de confianza puesta en el Señor, D. Ángel ha propuesto la infancia espiritual de Santa Teresa de Lisieux.
Las reliquias veneradas en el Seminario.
  En la plática de la tarde, siguiendo con el mismo hilo conductor y desde el texto de la Carta a los Hebreos 5, se ha concretado cómo la santidad se tiene que manifestar en la vida de cada uno, según la vocación particular a la que Dios nos haya llamado. En nuestro caso, se ha centrado en la santidad del sacerdote, que debe tener como fuente el ejercicio del ministerio, y pasa por dos notas características: la fidelidad a las cosas de Dios, y la compasión con los hermanos, no como un sentimiento, sino como una acción propia del ejercicio del ministerio sacerdotal.
  Damos gracias a Dios por todos los que, habiendo llegado a la meta, nos preceden e interceden por nosotros, y damos gracias también por este día de oración.

sábado, 4 de octubre de 2014

Retiro de Octubre

  Tras los Ejercicios Espirituales y la semana de formación previa al inicio de las clases, el 4 de octubre tuvimos nuestro primer retiro mensual de este nuevo curso. Nos predicó en esta ocasión D. José Luis Loriente Pardillo, párroco de Villarejo de Salvanés.
  El tema de este retiro fue la espiritualidad de lo cotidiano.  Con textos sobre la vida oculta de Jesús, tanto de la Escritura como de algunos teólogos –como J. Corbon o K. Rahner–, meditamos sobre “cómo vivir debidamente la vida diaria, la muy vulgar vida diaria, que, bien llevada, con todas sus fatigas, es la mejor preparación para la Comunión”, en palabras del Papa Francisco.
  Pudimos sumergirnos en Jesús de Nazaret, en el Jesús oculto, en el Jesús en quien Charles de Foucauld encontró los pasos a seguir: el Jesús que calla, el Jesús pobre, el Jesús que trabaja. En este sentido, como dice Ratzinger, “la nueva alianza no se inicia en el Templo, ni en la montaña, sino en el humilde hogar de Nazaret, en la casa de un trabajador, en un lugar olvidado de la Galilea de los paganos, de donde nadie se esperaba que pudiera salir algo bueno”. Una vida diaria a la que nosotros hemos sido enviados, y en la que el Señor, con su ejemplo de Nazaret, nos invita a zambullirnos.

  En el centro del día, como es habitual los días de retiro, celebramos la Eucaristía y, tras la plática de la tarde, tuvimos un rato de oración con el Santísimo expuesto, finalizando con el rezo de Vísperas

miércoles, 1 de octubre de 2014

Martín


¿Qué tal estás viviendo tu entrada en el Seminario?

Puedo hablar de mi entrada en el Seminario desde distintos planos: Por un lado, lo estoy viviendo como un regalo del Señor, absolutamente inmerecido; la posibilidad de formar parte de una comunidad discipular del Señor es una gracia. También una aventura; este aspecto de aventura sería el otro plano que resaltaría. A veces tengo la sensación de estar empezando de cero constantemente, siempre asumiendo tareas que no he hecho nunca, o que te desbordan. Aún así, creo que es positivo vivir el Seminario de esta manera, porque se manifiesta que la tarea no es esencialmente tuya; y, aunque esto puede dar un poco de vértigo, pienso que pone a cada cual en su sitio: al Señor en el primer y principal lugar, y luego a la persona, en este caso yo, que le respondo. Pero Él siempre nos primerea, como dice el Papa. Confío en quien me ha llamado, y le pido que aumente mi confianza en Él cada día. Me doy perfecta cuenta de que el Seminario es formativo en toda la amplitud de la palabra. Esto, por supuesto, cuesta; y, a la vez, es un momento de bendición que ayuda a ir conformando tu vida con la del Señor. Y es aventura también porque el Señor llama para algo; y ese algo, la misión, es siempre una aventura apasionante.

Antes de entrar al seminario, ¿cómo era tu vida?

Mi vida antes de entrar en el Seminario era —creo yo— bastante normal. Siempre he sido una persona con muchas ocupaciones, vivo el tiempo como un regalo de Dios y no me gusta malgastarlo. Gracias a Dios tenía un trabajo que me encantaba, y las tardes las dedicaba a seguir formándome. Yo estudié Periodismo, y después, Derecho. Trabajaba en el Museo de la Catedral de la Almudena, donde era responsable de prensa, y además realizaba visitas guiadas. Un trabajo precioso donde además podía poner al servicio de la Iglesia la formación que he recibido. Por las tardes estudiaba Ciencias Religiosas en San Dámaso (la Facultad no me ha sido desconocida este año). Y mis ratos de ocio los dedicaba a hacer cosas bastante normales: hacer deporte, y a compartir mi tiempo con la familia y mis amigos. Ya tenía en mente independizarme no dentro de mucho: de hecho, tenía el piso ya preparado para ello, cuando decidí entrar en el Seminario.

¿Cómo está viviendo mi familia y amigos esta nueva etapa de mi vida?

Comienzo con mi familia: en el núcleo más cercano, padres y hermano, la cosa ha ido evolucionando. Al principio se lo tomaron un poco regular: no entendían por qué dejaba una vida más o menos estable y ya formada en bastantes aspectos (comprendo que no lo entendieran, ….yo al principio tampoco entendía nada). El Señor, que es muy grande, ha ido trabajando en ellos, como también ha trabajado y trabaja en mí y, a día de hoy, están muy contentos. La separación física es dolorosa, pero también es cierto que no soy un niño. El resto de mi familia se lo tomaron desde el principio muy bien, y se sorprendieron bastante poco, la verdad.
Respecto a mis amigos: tengo que dar gracias a Dios, porque me ha regalado muchísimos amigos y muy variados, en muchos sentidos, también en cuanto a la fe. Tampoco entre ellos ha habido mucha sorpresa, la verdad. Y desde el principio me han dado su apoyo; incluso personas alejadas de la vida de la Iglesia se preocupan por mí con mucho cariño. Se lo agradezco mucho a todos. Rezo por todos, por mi familia y por mis amigos.

¿Nos puedes contar alguna anécdota curiosa hasta ahora en el Seminario?

Aquí me pillas un poco... Yo creo que así, como curiosidad reseñable, desde que entré hasta hoy no ha habido. Se me viene a la cabeza la primera vez que vine a hablar con el rector yo solo (porque la primera vez vine acompañado de mi director espiritual); y venía con mi coche, tan nervioso, que tomé una rotonda al revés.....bueno, no pasó nada (era un día de verano, poco después del mediodía, y no había casi nadie por la calle...)

¿Qué consejo darías a una persona con inquietud vocacional?

Bueno, no creo que descubra nada en este sentido. Yo puedo contar mi experiencia, y a mí me ha ido bien: En primer lugar, confiar en el Señor; Él bendice nuestros actos de confianza. La dirección espiritual es esencial, hablar de lo que te pasa con un sacerdote. A mí me ocurría que no sabía explicar muy bien qué me pasaba, y eso te puede cortar un poco, pero yo le debo mucho a mi director espiritual, al que tengo un verdadero cariño de hermano. También me fue de ayuda leer la Palabra de Dios: bueno, de hecho, al principio yo no quería de ninguna manera oír hablar de que el Señor me estuviera llamando al sacerdocio; y cuando la Palabra que leía era muy evidente, me cabreaba un poco, cerraba la Biblia y dejaba de leer. A veces pasa que no queremos escuchar. Pero el Señor no se cansa de hablarnos. Y, claro, es necesario ponerse a la escucha, rezar mucho y, especialmente, a la Virgen. Luego toca ir dando pasos, tomando decisiones, unas más costosas que otras. Hay unas palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium que expresan a la perfección lo que el Señor me regaló vivir en este sentido: <<Cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya lo esperaba con los brazos abiertos>>; y esto es muy hermoso. Así que a todo aquel que se esté planteando si el Señor le puede estar llamando al sacerdocio, le diría que confíe en el Señor y se ponga en camino, y Él irá hablando, y con seguridad será para bien; Él quiere nuestro bien más que nosotros mismos. ¡Ánimo, vale la pena!

Fernando Caballero



¿Cuándo y cómo te diste cuenta que Dios te llamaba?

   Desde que tenía unos 13 años, pertenecí al grupo de jóvenes de la parroquia de S. Pedro de Alcalá, en el que viví la fe con gente de una misma edad y con la guía y compañía de varios sacerdotes. Con ellos hicimos un viaje a Covadonga en el que, entre otras cosas, celebramos una adoración del Santísimo en una capilla de la Basílica del Santuario. Durante este tiempo de silencio y oración, Dios puso en mí un deseo muy fuerte de ser sacerdote, de entregar mi vida a Él y al servicio de su Iglesia siendo sacerdote. El cura nos había exhortado durante la oración a que le preguntáramos qué quería Dios de nosotros, que nos mostrara el camino que tenía preparado para nosotros. Y eso fue lo que hice, y Dios respondió. Todos mis planes, mis proyectos (quería estudiar Medicina en la universidad), cambiaron por completo, pero para bien, porque Dios se encargaba de que todos los anhelos de mi corazón, todas las aspiraciones que tenía, reconducirlas todas y engrandecerlas en esta vocación que me ofrecía. Como esto era tan grande para mí, y para que me confirmara que era Dios quien estaba llamando a mi puerta, se lo conté aquella misma noche al sacerdote que nos acompañaba en el viaje. Él me confirmó que era una llamada del Señor e inicié con él un camino de dirección espiritual que fue fundamental para mi vida.

¿Cómo orientaste en tu vida diaria esta llamada?

  Como ya he dicho, lo primero que hice fue hablar con un sacerdote, al que conocía y con el que tenía confianza. Con él comencé a dirigirme espiritualmente, empezando a acompañarme en el desarrollo de mi vocación. Además, el Señor me pedía un compromiso de vida más serio con mi identidad cristiana, pasando por introducirme en la vida de oración y en la confesión frecuente. En cualquier caso, mis metas y proyectos habían cambiado totalmente, por lo que los estudios y todo lo que hacían tenían un nuevo significado para mí: prepararme bien para entrar en el Seminario.

¿Cómo se ha vivido en tu familia y amigos?

La verdad es que mi familia siempre ha sido un apoyo fundamental para mí a lo largo de mi vida, y en este aspecto tampoco se quedaron atrás. Desde el primer momento me apoyaron y ayudaron en todo lo que pudieron, recibiendo con alegría la noticia de mi vocación y de mi decisión de entrar en el seminario. Respecto a mis amigos de la parroquia, también todos se alegraron mucho, y los del instituto, lo respetaron mucho y siempre han estado cerca durante todo este tiempo.

¿Cómo es para un joven se llamado, visto por el mundo?

  La verdad es que uno se encuentra de todo: desde gente que se alegra mucho y me alienta a seguir mi camino a quienes no entienden cómo un joven puede “malgastar” su vida así, dándote prácticamente el pésame. Pero he de reconocer que estos casos han sido los menos frecuentes, y que la enorme mayoría de las personas que me encontraba que no entendían lo que hacía, aunque fuera por respeto, me decían que lo respetaban y que tuviera suerte con lo que había elegido, el típico “bueno, si es lo que te gusta…”, que vale tanto para un seminarista como para un domador de leones.

¿Algún consejo?


Hay dos convicciones que, humildemente, me parece que pueden ayudar a cualquiera que quiera seguir más de cerca al Señor, en el sacerdocio o en cualquier otra vocación cristiana. La primera, es que el mejor amigo del hombre es Dios. Con esta convicción uno puede abrirse con confianza a los caminos que este gran amigo de todo hombre disponga para nosotros. De aquí nace la segunda convicción, y es que, como decía San Benito, “con la poda reverdece”, es decir, que si bien Dios a veces nos pide renuncias y humillaciones muy difíciles de vivir, hemos de saber siempre que Él mismo nos da el ciento por uno colmándonos de bendiciones, de maneras que sólo Él conoce. Por esto, mi consejo es preguntarle cada día qué quiere el Señor de uno, sin miedo y con la confianza de un hijo que, como decía Santa Teresita del Niño Jesús, se arroja no a los pies de su padre, sino a sus brazos. 

Luis Peláez

¿Qué te movió a aventurarte a hacer el Camino de Santiago?

Sobre todo, la conmemoración del VIII centenario de la venida de San Francisco a Santiago. También quería tener un poco de tiempo en el verano para estar sosegado y cargar pilas de cara al nuevo curso en el seminario.

¿Por qué este camino y no otro?

La verdad, porque es un camino que nos queda muy a mano, con mucha tradición y mucha gente. No descarto algún día poder hacer otro camino que va de Asís a Roma y recuerda el viaje que hizo San Francisco para ver al Papa Inocencio III y pedirle que aprobara la orden franciscana.

¿Lo hiciste solo o con alguien?

Lo hice con mi madre de Burgos a Sarria y de Sarria en adelante solo. Fueron etapas muy diferentes, porque en una experimentas lo bueno de la compañía, el dejarse ayudar por los demás, el ver nuestros límites y dificultades y, al mismo tiempo, el estar siempre dispuesto en todo al servicio y al apoyo mutuo; y, cuando vas solo, puedes conocerte más a ti mismo y profundizar más en esta experiencia que los cristianos siempre han concebido como una penitencia.

¿Podrías contarnos alguna experiencia que te sucediera?

Una experiencia muy buena fue que un compañero del seminario, Joseja, iba unas etapas por delante de mí y cada dos o tres días nos llamábamos y me contaba algunos trucos de las etapas siguientes.
Un gran momento fue que, al llegar a Santiago, después de visitar al Santo, fui a ganar el jubileo al convento de los franciscanos. Allí encontré una gran talla de San Diego de Alcalá al que yo siempre le he tenido mucha estima y devoción, porque es el patrón de mi parroquia.

¿Cómo crees que está el aspecto espiritual en el Camino?

Depende de lo que se quiera buscar y qué nivel de fe tenga uno. Me parece una propuesta atractiva a cualquier persona: alejada, cercana o indiferente. Es un gran pórtico de entrada para anunciar a las personas más distantes las grandezas de la fe que profesamos, en un entorno lúdico.

¿Qué se siente después de casi 600km al llegar a la Catedral del Apóstol?

Llegar a la catedral de Santiago es impresionante. Después de tantas noches en el camino llegas con una sensación dulce pero, al mismo tiempo, con las ganas de no querer acabar. Además pude disfrutar mucho de la última noche ya que dormí en Monte do Gozo, a 5 km de Santiago y, a la mañana siguiente, llegué sin que hubiera amanecido a la puerta de la catedral. Pude rezar mucho tiempo ante el cuerpo del Apóstol y visitar la catedral sin que hubiera nadie.

¿Lo recomendarías a alguien?

Se lo recomendaría a todo el mundo.

José Miguel

¿Cómo nace tu vocación?

En mi infancia, en la parroquia del pueblo. Creo que cuando Jesús nos exhorta a ser como niños, nos exhorta a tener una actitud de escucha limpia. Recuerdo mi niñez: esa inocencia, esa claridad. Es fácil escuchar una llamada cuando no se tiene el oído lleno de telarañas. Recuerdo cómo era capaz de escuchar a Dios, que nos habla a través de mediaciones humanas en la Iglesia; qué conciencia clara tenía de lo que Dios había soñado para mí desde toda la Eternidad.

¿Siempre supiste que Dios te llamaba?

Pues para ser sincero diré que lo descubrí pronto: a los 10 años lo tenía muy claro. Pero aquí aparece más tarde el drama del Amor de Dios, y es que Dios ha soñado un plan para cada uno de nosotros, un plan que interpela nuestra libertad. Sí, somos libres, y esta gracia a veces se convierte en drama, pues podemos decirle no a Dios. En mi juventud yo le dije no a Dios. Yo quería ser dueño de mí mismo, no quería contar con Dios, pensaba que Dios me molestaba.

¿Por qué el seminario castrense y Alcalá?

Porque Dios me dio la gracia de descubrir que por mí mismo no soy nada, que su plan para mí era infinitamente mejor que todas las alternativas que yo pudiera montarme por mi cuenta. Digamos que Dios ha inscrito en todos nuestro corazones un deseo infinito de felicidad, de Él, y tuvo en su bondad mostrarme que Él me seguía queriendo como “su sacerdote”. Dios me mostró el verdadero sentido de la libertad: mi libertad era para responder a su llamada de amor. Cuando descubrí esto yo era militar, e ingresé en el seminario castrense. Pero Dios nos llama “carnalmente”: esto requiere una concreción de gentes, y de lugar. Es decir, Dios nos llama en un sitio muy determinado; y, con la ayuda de acontecimientos y personas que Él va poniendo en su Iglesia, te lo va mostrando. Puedo decir que por esto estoy ahora en Alcalá.

¿Tu familia?

Bueno, mi familia en mi niñez lo recibió bien. Aunque no fue tan fácil. Recuerdo cuando dije que me iba al seminario: ¡Uff! Fue un poco “torbellino” en casa la recepción de la noticia. Pero el Señor se encarga de ir poniendo la sensatez, de ir ablandando los corazones. En fin, si a mí me costó mucho tiempo ser dócil al plan de Dios, ahora a mí me tocaba tomar parte en la paciencia que Dios tenía con los míos. No sé si esto es atrevido, pero pude entender un poco cómo Él me veía cuando yo le rechazaba. La cuestión es que, a día de hoy, tres años después del “torbellino”, las personas a las que más les costó aceptarlo están encantadas; creo que el hecho de que yo estoy verdaderamente feliz les ha ayudado a ver.

¿Es respuesta a tu felicidad?

Creo que a esto ya más o menos he respondido. Dios ha inscrito en el corazón del hombre un deseo infinito de felicidad que tú no puedes llenar; creo que cuando descubres que sólo Él es capaz de llenar ese anhelo, eres realmente feliz. Sólo estando en comunión con Él este anhelo se sacia, y la manera de desarrollarse esto en cada uno es particular. Por eso, es importante la actitud de escucha. Jesús me llama a participar de su sacerdocio y ésta es la forma que Él tiene pensada para mí de saciar este deseo. Soy realmente feliz: he descubierto que la felicidad no es solamente un sentimiento, sino una vida plena. Creo que camino hacia la plenitud de la forma que Dios quiere para mí y esto me hace feliz.

¿Algún consejo?

La vocación, cualquiera que sea, es una llamada; por lo tanto, lo principal es escuchar. Escucha y no tengas miedo, sé valiente en responder a la llamada amorosa de Dios. Cuando uno responde a la llamada de Dios, por difíciles que puedan parecer las cosas, siempre habrá una cosa que de otra manera no tendrás, que es una paz y un sosiego indescriptibles. Una última cosa: ama siempre a la Iglesia y fíate de ella.

Álvaro

¿Qué has hecho este verano?

Durante los meses de verano estuve de convivencia con los jóvenes de la parroquia de San Pedro (Alcalá) en el Santuario mariano de Covadonga en Asturias. Después del mismo, estuve en Burgos trabajando en un albergue del Camino de Santiago, llamado Emaús, para acoger a peregrinos. Finalmente, asistí en Pamplona a un curso para seminaristas en el Seminario de Bidasoa.

¿Cuál ha sido tu labor este verano?

El seminario me encargó la tarea de ayudar a Don Fermín –sacerdote responsable de la pastoral juvenil de la parroquia de San Pedro– para que el programa de la peregrinación a Covadonga se desempeñase adecuadamente. También me pidieron ayudar como asistente en el albergue del peregrino Emaús situado en Burgos.

¿En qué ha consistido tu labor en el albergue?

En el albergue del camino de Santiago en Burgos tenía como responsabilidad acoger a los peregrinos que finalizaban su etapa, mantener el orden en el mismo, cocinar, así como otras tareas domésticas, ya que se trataba de que los peregrinos se encontrasen como en casa. Así mismo, nos ocupábamos de que hubiera momentos de encuentro con Cristo; para ello, invitábamos a los peregrinos a que participasen en la Santa Misa, en el rezo de Vísperas o en la adoración al Santísimo Sacramento.

¿Podrías contarnos alguna experiencia?

Durante las semanas que estuve en el albergue puedo contar varias anécdotas; entre ellas, la siguiente: Yo soy poco hábil en la cocina y lo curioso es que los comensales me solían felicitar por los platos que en alguna ocasión preparaba. En verdad, creo que se debía más al apetito que tenían que a mis dotes de cocinero.

¿Recomiendas el voluntariado de albergues?

Es un tiempo de gracia, porque te permite conocer a gente de distintos países y de distintas culturas, y saber que todos en el fondo recorremos un mismo camino en nuestras vidas, que tiene como meta el encuentro con el Señor. Una experiencia que sin duda nos hace salir de nosotros mismos para darnos a los demás.






















Entrevista a Álvaro Martínez
Seminarista de Segundo Curso


Gabriel Rincón

¿Por qué decidiste entrar en el Seminario Menor?
Entré en el Seminario Menor porque el Señor me descubrió la vocación a una edad muy temprana. Tenía once años y estaba a punto de ser confirmado cuando, en una oración, le pregunté al Señor qué quería de mí. En esa oración el Señor me tocó en lo más íntimo de mi alma, despertando un gran deseo de servirle con todas mis fuerzas por medio del sacerdocio. Comencé a acudir a las convivencias de preseminario, ya que el Menor no se abriría hasta septiembre de 2010, fecha en la que entré con catorce años.

¿Cómo fueron esos cuatro años?
Yo los definiría como un camino, a través del cual la Iglesia me ha ido forjando, primero como persona y como cristiano, pero siempre con miras al Sacerdocio. Han sido unos hermosos años de aprendizaje y consolidación de la vocación, que han pasado rápidos pero fructíferos.

¿Por qué decidiste continuar y dar el paso al mayor?
Siendo como es el seminario un proceso de discernimiento, estos cuatro años en él me han servido para confirmar mi vocación, de tal forma que tanto yo como mis formadores hemos visto bueno y oportuno que continuara en el Seminario Mayor.

¿Cómo ha sido el cambio?
La verdad es que ha sido más suave de lo que me esperaba; hay que tener en cuenta que ya me habían precedido cuatro seminaristas que, como yo, venían del Menor pero, pese a ello, ha habido cambio. Sobre todo hay que darse cuenta que en el Mayor hay más independencia que se ha de traducir en una mayor responsabilidad.

¿Algún consejo para algún chico?

Sobre todo, animar a aquel que se esté planteando la vocación –y que no pueda entrar aún en el Mayor– a que no pierda el tiempo y venga al preseminario y al Menor, porque al Señor nadie le gana en generosidad, y será recompensado con creces.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Beatificación Álvaro del Portillo

  El pasado 27 de septiembre la ciudad de Madrid se vistió de fiesta para dar gracias a Dios por un nuevo beato en la Iglesia: el sacerdote madrileño y obispo prelado del Opus Dei Álvaro del Portillo. La beatificación, a la que acudieron seminaristas del Seminario Mayor de Alcalá de Henares,  se celebró en el nuevo barrio madrileño de Valdebebas y fue presidida por el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las causas de los santos.
Foto de grupo en la explanada de Valdebebas.

  La celebración estuvo marcada por un ambiente festivo y familiar. En la apertura de la misa, el Vicario del Opus Dei para la Región española leyó ante todos los fieles la carta de felicitación que el Papa Francisco había escrito al actual Prelado del Opus Dei, Don Javier Echevarría, con motivo de la beatificación, en la que el Santo Padre hacía una descripción biográfica del Beato Álvaro del Portillo a través de una jaculatoria que él acostumbraba a decir en los aniversarios o acontecimientos importantes: "Gracias, perdón, ayúdame más".

Los seminaristas delante del altar de la celebración.

  Y no podemos dejar de hacer mención al contenido de la homilía del Cardenal Amato, pues estuvo presidida por el elogio a la virtud cristiana más encomiable del Beato Álvaro del Portillo y que todos los que han podido conocerle destacan más de él: la humildad.

sábado, 3 de mayo de 2014

Retiro mensual de Mayo

  El sábado 3 de mayo realizamos el retiro mensual. Esta vez lo dirigió D. Borja Langdon del Real, coadjutor de la parroquia de San Juan de Ávila de Alcalá de Henares.
  El tema del retiro fue una reflexión sobre la homilía del papa Francisco en la Misa Crismal de este año 2014.

Borja Langdon predicando una meditación.

  En la meditación de la mañana, D. Borja reflexionó sobre la importancia de la Eucaristía como punto central de nuestra vida: El acontecimiento más importante del día. Tiene que ser el centro de la comunidad cristiana, donde nos ponemos en camino como los discípulos de Emaús, con la escucha de la palabra. Qué importante es que la palabra no caiga en terreno infértil, que nos preparemos para la santa misa, que nos recojamos un rato antes…

Durante la homilía la celebración de la Santa Misa.

  Por la tarde, con el Santísimo expuesto en la custodia, D. Borja meditaba sobre la alegría, que tiene su fundamento en los sacramentos. La alegría de saberse hijos de Dios por el bautismo, la filiación divina… Nos exhortaba, como futuros sacerdotes, a estar alegres; esta alegría que nace de la unción sacramental, la unción del santo Crisma, la gracia de Dios que se derrama plenamente en el sacerdote. Para terminar, nos explico la necesidad de ser día a día fieles al señor, para que la alegría desborde en nosotros y podamos dar testimonio al mundo entero.


domingo, 20 de abril de 2014

Semana de Evangelización en Torres de la Alameda

  En los meses de marzo y abril, durante la Cuaresma, los seminaristas que hemos acudido a la Escuela de Evangelización (en su segundo año) hemos participado también en las Semanas de Evangelización, que se han celebrado (entre otras) en dos parroquias de nuestra diócesis: La Asunción de Nuestra Señora, en Torres de la Alameda y San Juan de Ávila, en Alcalá.
  De manera general, las Semanas han tenido el siguiente esquema (en dos fases):
1ª.-Una semana previa, llamada Cenáculo, en la que los voluntarios se han reunido por las tardes para orar ante el Santísimo expuesto y preparar todos los aspectos materiales y organizativos de la segunda semana.
2ª.-La Semana de Evangelización propiamente dicha, denominada Pentecostés, que ha consistido, principalmente, en los siguientes actos:
a)      Primer sábado (noche): Vigilia de Adoración y Primeros Envíos de misioneros.
b)      Primer domingo: Misa de Envío, con la acogida y bendición de la cruz y de los voluntarios.
c)      Del lunes al viernes: Adoración al Santísimo y Evangelización por las calles (Acto central).
d)      Viernes por la tarde: Vía Crucis Procesional por la calle.
e)      Segundo sábado por la tarde: Rezo del Sto. Rosario por la calle.
f)       Segundo domingo: Misa de Clausura de la Semana de Evangelización.


  La Semana ha supuesto una vivencia impresionante de comunión eclesial entre todos los fieles de cada parroquia y ha producido un fortalecimiento de nuestro espíritu misionero. Hemos podido experimentar realmente cómo la Gracia del Espíritu Santo se hacía efectiva en todos, evangelizadores y evangelizados.
  A continuación, una galería de fotos de la Semana en Torres:








domingo, 13 de abril de 2014

Semana Santa en el Seminario

  Después de los cuarenta días de Cuaresma, junto a toda la Iglesia nos introdujimos en la semana más importante del año: la Semana Santa.
  Y la comenzamos con las primeras vísperas del Domingo de Ramos, después de haber tenido el retiro mensual a cargo de D. Álvaro Castro, párroco de Campo Real.
  A la mañana siguiente tuvimos el rezo de Laudes de un modo más solemne del habitual, pues iniciábamos la Semana Santa. Después, marchamos a nuestras respectivas parroquias para la celebración de la Eucaristía, juntándonos de nuevo para el rezo de Completas.
  El Lunes Santo tuvimos una jornada de formación y estudio sobre la Misa Crismal, dirigida por D. Javier Sánchez Martínez, delegado de Liturgia de la diócesis de Córdoba. La jornada consistió en una clase magistral dividida en dos partes: mañana (junto a la Eucaristía presidida por él mismo) y tarde (con la exposición del Santísimo y una meditación).
  El Martes Santo por la noche, como viene siendo habitual, los seminaristas participamos en el Vía Crucis por las calles de nuestra ciudad, comenzando y concluyendo en la Catedral y siendo presidido por nuestro obispo, D. Juan Antonio Reig.
  El Miércoles Santo celebramos la Misa Crismal, en la que se bendijeron los Santos Óleos que luego se reparten a cada una de las parroquias de nuestra diócesis: El Santo Crisma, el óleo de los enfermos y el óleo de los catecúmenos. Algunos de los seminaristas formaron parte del coro gregoriano durante la celebración; la preparación de los cantos se llevó a cabo en las semanas anteriores, en las que los seminaristas tuvieron que aprender varias piezas propias de la Misa.
  El Jueves Santo tuvimos en el Seminario una comida con nuestro Obispo y los Vicarios episcopales, para celebrar el Jueves Sacerdotal. Por la tarde, cada uno nos fuimos a nuestras respectivas parroquias a celebrar la Cena del Señor y acompañar y participar en las actividades de las parroquias.
  El Viernes Santo fue un día en el que coincidimos poco en el seminario, puesto que las actividades de las parroquias (vía crucis, adoraciones de la cruz y los oficios de por la tarde) hicieron que nos volcásemos en nuestros lugares de pastoral. Por la noche, al pasar por la calle del seminario uno de los pasos de la Semana Santa complutense, a petición de la Hermandad, cantamos desde nuestros balcones.
  El Sábado Santo, día alitúrgico, tuvimos por la mañana el rezo de laudes y el oficio de lectura, al igual que un rato largo de oración y recogimiento en silencio, acompañando a nuestra Madre la Virgen. Por la tarde, algunos seminaristas participamos en la limpieza y preparación de la capilla, engalanándola para la fiesta que se celebra en la noche: la Pascua. Tras la cena, marchamos a nuestras parroquias para celebrar la Vigilia Pascual. Al concluirla, nos juntamos todos en el Seminario, donde, acompañados por nuestros jóvenes, celebramos y nos felicitamos las Pascuas.
  El Domingo de Resurrección comenzó con el rezo solemne de laudes. Tras un rato de oración y un desayuno Pascual, nos fuimos a las parroquias.

  Durante la semana siguiente tuvimos unas merecidas vacaciones, en las que volvimos a nuestras casas para descansar y preparar con fuerza el último trimestre y los exámenes que se aproximan a la vuelta.
  Aquí os dejamos unas fotos del retiro de Álvaro Castro, de la adoración de las I Vísperas del Domingo de Ramos, de la capilla preparada para Semana Santa y para Pascua.