domingo, 20 de abril de 2014

Semana de Evangelización en Torres de la Alameda

  En los meses de marzo y abril, durante la Cuaresma, los seminaristas que hemos acudido a la Escuela de Evangelización (en su segundo año) hemos participado también en las Semanas de Evangelización, que se han celebrado (entre otras) en dos parroquias de nuestra diócesis: La Asunción de Nuestra Señora, en Torres de la Alameda y San Juan de Ávila, en Alcalá.
  De manera general, las Semanas han tenido el siguiente esquema (en dos fases):
1ª.-Una semana previa, llamada Cenáculo, en la que los voluntarios se han reunido por las tardes para orar ante el Santísimo expuesto y preparar todos los aspectos materiales y organizativos de la segunda semana.
2ª.-La Semana de Evangelización propiamente dicha, denominada Pentecostés, que ha consistido, principalmente, en los siguientes actos:
a)      Primer sábado (noche): Vigilia de Adoración y Primeros Envíos de misioneros.
b)      Primer domingo: Misa de Envío, con la acogida y bendición de la cruz y de los voluntarios.
c)      Del lunes al viernes: Adoración al Santísimo y Evangelización por las calles (Acto central).
d)      Viernes por la tarde: Vía Crucis Procesional por la calle.
e)      Segundo sábado por la tarde: Rezo del Sto. Rosario por la calle.
f)       Segundo domingo: Misa de Clausura de la Semana de Evangelización.


  La Semana ha supuesto una vivencia impresionante de comunión eclesial entre todos los fieles de cada parroquia y ha producido un fortalecimiento de nuestro espíritu misionero. Hemos podido experimentar realmente cómo la Gracia del Espíritu Santo se hacía efectiva en todos, evangelizadores y evangelizados.
  A continuación, una galería de fotos de la Semana en Torres:








domingo, 13 de abril de 2014

Semana Santa en el Seminario

  Después de los cuarenta días de Cuaresma, junto a toda la Iglesia nos introdujimos en la semana más importante del año: la Semana Santa.
  Y la comenzamos con las primeras vísperas del Domingo de Ramos, después de haber tenido el retiro mensual a cargo de D. Álvaro Castro, párroco de Campo Real.
  A la mañana siguiente tuvimos el rezo de Laudes de un modo más solemne del habitual, pues iniciábamos la Semana Santa. Después, marchamos a nuestras respectivas parroquias para la celebración de la Eucaristía, juntándonos de nuevo para el rezo de Completas.
  El Lunes Santo tuvimos una jornada de formación y estudio sobre la Misa Crismal, dirigida por D. Javier Sánchez Martínez, delegado de Liturgia de la diócesis de Córdoba. La jornada consistió en una clase magistral dividida en dos partes: mañana (junto a la Eucaristía presidida por él mismo) y tarde (con la exposición del Santísimo y una meditación).
  El Martes Santo por la noche, como viene siendo habitual, los seminaristas participamos en el Vía Crucis por las calles de nuestra ciudad, comenzando y concluyendo en la Catedral y siendo presidido por nuestro obispo, D. Juan Antonio Reig.
  El Miércoles Santo celebramos la Misa Crismal, en la que se bendijeron los Santos Óleos que luego se reparten a cada una de las parroquias de nuestra diócesis: El Santo Crisma, el óleo de los enfermos y el óleo de los catecúmenos. Algunos de los seminaristas formaron parte del coro gregoriano durante la celebración; la preparación de los cantos se llevó a cabo en las semanas anteriores, en las que los seminaristas tuvieron que aprender varias piezas propias de la Misa.
  El Jueves Santo tuvimos en el Seminario una comida con nuestro Obispo y los Vicarios episcopales, para celebrar el Jueves Sacerdotal. Por la tarde, cada uno nos fuimos a nuestras respectivas parroquias a celebrar la Cena del Señor y acompañar y participar en las actividades de las parroquias.
  El Viernes Santo fue un día en el que coincidimos poco en el seminario, puesto que las actividades de las parroquias (vía crucis, adoraciones de la cruz y los oficios de por la tarde) hicieron que nos volcásemos en nuestros lugares de pastoral. Por la noche, al pasar por la calle del seminario uno de los pasos de la Semana Santa complutense, a petición de la Hermandad, cantamos desde nuestros balcones.
  El Sábado Santo, día alitúrgico, tuvimos por la mañana el rezo de laudes y el oficio de lectura, al igual que un rato largo de oración y recogimiento en silencio, acompañando a nuestra Madre la Virgen. Por la tarde, algunos seminaristas participamos en la limpieza y preparación de la capilla, engalanándola para la fiesta que se celebra en la noche: la Pascua. Tras la cena, marchamos a nuestras parroquias para celebrar la Vigilia Pascual. Al concluirla, nos juntamos todos en el Seminario, donde, acompañados por nuestros jóvenes, celebramos y nos felicitamos las Pascuas.
  El Domingo de Resurrección comenzó con el rezo solemne de laudes. Tras un rato de oración y un desayuno Pascual, nos fuimos a las parroquias.

  Durante la semana siguiente tuvimos unas merecidas vacaciones, en las que volvimos a nuestras casas para descansar y preparar con fuerza el último trimestre y los exámenes que se aproximan a la vuelta.
  Aquí os dejamos unas fotos del retiro de Álvaro Castro, de la adoración de las I Vísperas del Domingo de Ramos, de la capilla preparada para Semana Santa y para Pascua.
























sábado, 12 de abril de 2014

El sábado 12 de abril tuvimos el retiro mensual, que nos iba a predisponer para una mejor celebración de la Semana Santa. Para ello, vino a predicarnos el párroco de Campo Real, Don Álvaro Castro Castro. 

Celebración de la Eucaristía con Álvaro Castro

            Todo el retiro estuvo marcado por un importante carácter testimonial. Don Álvaro comenzó narrándonos el testimonio de su encuentro con Cristo y su conversión, pues él no se presentó como teólogo sino como testigo; y ciertamente que así es, porque a través de su historia personal nos fue llevando poco a poco al auténtico protagonista “que hace nuevas todas las cosas”: a Dios Nuestro Señor, que nos quiere siempre, con independencia de dónde nos encontremos y cómo nos sintamos.


Meditación de la tarde con el Santísimo expuesto

            Pero si hay que destacar dos claves de todo el retiro, serían estas dos: la paternidad y virginidad sacerdotal desde Jesucristo, por las cuales el discípulo participa de la misma posición y aprehensión de la realidad que tuvo Nuestro Señor.