miércoles, 1 de octubre de 2014

Fernando Caballero



¿Cuándo y cómo te diste cuenta que Dios te llamaba?

   Desde que tenía unos 13 años, pertenecí al grupo de jóvenes de la parroquia de S. Pedro de Alcalá, en el que viví la fe con gente de una misma edad y con la guía y compañía de varios sacerdotes. Con ellos hicimos un viaje a Covadonga en el que, entre otras cosas, celebramos una adoración del Santísimo en una capilla de la Basílica del Santuario. Durante este tiempo de silencio y oración, Dios puso en mí un deseo muy fuerte de ser sacerdote, de entregar mi vida a Él y al servicio de su Iglesia siendo sacerdote. El cura nos había exhortado durante la oración a que le preguntáramos qué quería Dios de nosotros, que nos mostrara el camino que tenía preparado para nosotros. Y eso fue lo que hice, y Dios respondió. Todos mis planes, mis proyectos (quería estudiar Medicina en la universidad), cambiaron por completo, pero para bien, porque Dios se encargaba de que todos los anhelos de mi corazón, todas las aspiraciones que tenía, reconducirlas todas y engrandecerlas en esta vocación que me ofrecía. Como esto era tan grande para mí, y para que me confirmara que era Dios quien estaba llamando a mi puerta, se lo conté aquella misma noche al sacerdote que nos acompañaba en el viaje. Él me confirmó que era una llamada del Señor e inicié con él un camino de dirección espiritual que fue fundamental para mi vida.

¿Cómo orientaste en tu vida diaria esta llamada?

  Como ya he dicho, lo primero que hice fue hablar con un sacerdote, al que conocía y con el que tenía confianza. Con él comencé a dirigirme espiritualmente, empezando a acompañarme en el desarrollo de mi vocación. Además, el Señor me pedía un compromiso de vida más serio con mi identidad cristiana, pasando por introducirme en la vida de oración y en la confesión frecuente. En cualquier caso, mis metas y proyectos habían cambiado totalmente, por lo que los estudios y todo lo que hacían tenían un nuevo significado para mí: prepararme bien para entrar en el Seminario.

¿Cómo se ha vivido en tu familia y amigos?

La verdad es que mi familia siempre ha sido un apoyo fundamental para mí a lo largo de mi vida, y en este aspecto tampoco se quedaron atrás. Desde el primer momento me apoyaron y ayudaron en todo lo que pudieron, recibiendo con alegría la noticia de mi vocación y de mi decisión de entrar en el seminario. Respecto a mis amigos de la parroquia, también todos se alegraron mucho, y los del instituto, lo respetaron mucho y siempre han estado cerca durante todo este tiempo.

¿Cómo es para un joven se llamado, visto por el mundo?

  La verdad es que uno se encuentra de todo: desde gente que se alegra mucho y me alienta a seguir mi camino a quienes no entienden cómo un joven puede “malgastar” su vida así, dándote prácticamente el pésame. Pero he de reconocer que estos casos han sido los menos frecuentes, y que la enorme mayoría de las personas que me encontraba que no entendían lo que hacía, aunque fuera por respeto, me decían que lo respetaban y que tuviera suerte con lo que había elegido, el típico “bueno, si es lo que te gusta…”, que vale tanto para un seminarista como para un domador de leones.

¿Algún consejo?


Hay dos convicciones que, humildemente, me parece que pueden ayudar a cualquiera que quiera seguir más de cerca al Señor, en el sacerdocio o en cualquier otra vocación cristiana. La primera, es que el mejor amigo del hombre es Dios. Con esta convicción uno puede abrirse con confianza a los caminos que este gran amigo de todo hombre disponga para nosotros. De aquí nace la segunda convicción, y es que, como decía San Benito, “con la poda reverdece”, es decir, que si bien Dios a veces nos pide renuncias y humillaciones muy difíciles de vivir, hemos de saber siempre que Él mismo nos da el ciento por uno colmándonos de bendiciones, de maneras que sólo Él conoce. Por esto, mi consejo es preguntarle cada día qué quiere el Señor de uno, sin miedo y con la confianza de un hijo que, como decía Santa Teresita del Niño Jesús, se arroja no a los pies de su padre, sino a sus brazos.