miércoles, 1 de octubre de 2014

Gabriel Rincón

¿Por qué decidiste entrar en el Seminario Menor?
Entré en el Seminario Menor porque el Señor me descubrió la vocación a una edad muy temprana. Tenía once años y estaba a punto de ser confirmado cuando, en una oración, le pregunté al Señor qué quería de mí. En esa oración el Señor me tocó en lo más íntimo de mi alma, despertando un gran deseo de servirle con todas mis fuerzas por medio del sacerdocio. Comencé a acudir a las convivencias de preseminario, ya que el Menor no se abriría hasta septiembre de 2010, fecha en la que entré con catorce años.

¿Cómo fueron esos cuatro años?
Yo los definiría como un camino, a través del cual la Iglesia me ha ido forjando, primero como persona y como cristiano, pero siempre con miras al Sacerdocio. Han sido unos hermosos años de aprendizaje y consolidación de la vocación, que han pasado rápidos pero fructíferos.

¿Por qué decidiste continuar y dar el paso al mayor?
Siendo como es el seminario un proceso de discernimiento, estos cuatro años en él me han servido para confirmar mi vocación, de tal forma que tanto yo como mis formadores hemos visto bueno y oportuno que continuara en el Seminario Mayor.

¿Cómo ha sido el cambio?
La verdad es que ha sido más suave de lo que me esperaba; hay que tener en cuenta que ya me habían precedido cuatro seminaristas que, como yo, venían del Menor pero, pese a ello, ha habido cambio. Sobre todo hay que darse cuenta que en el Mayor hay más independencia que se ha de traducir en una mayor responsabilidad.

¿Algún consejo para algún chico?

Sobre todo, animar a aquel que se esté planteando la vocación –y que no pueda entrar aún en el Mayor– a que no pierda el tiempo y venga al preseminario y al Menor, porque al Señor nadie le gana en generosidad, y será recompensado con creces.