miércoles, 1 de octubre de 2014

Luis Peláez

¿Qué te movió a aventurarte a hacer el Camino de Santiago?

Sobre todo, la conmemoración del VIII centenario de la venida de San Francisco a Santiago. También quería tener un poco de tiempo en el verano para estar sosegado y cargar pilas de cara al nuevo curso en el seminario.

¿Por qué este camino y no otro?

La verdad, porque es un camino que nos queda muy a mano, con mucha tradición y mucha gente. No descarto algún día poder hacer otro camino que va de Asís a Roma y recuerda el viaje que hizo San Francisco para ver al Papa Inocencio III y pedirle que aprobara la orden franciscana.

¿Lo hiciste solo o con alguien?

Lo hice con mi madre de Burgos a Sarria y de Sarria en adelante solo. Fueron etapas muy diferentes, porque en una experimentas lo bueno de la compañía, el dejarse ayudar por los demás, el ver nuestros límites y dificultades y, al mismo tiempo, el estar siempre dispuesto en todo al servicio y al apoyo mutuo; y, cuando vas solo, puedes conocerte más a ti mismo y profundizar más en esta experiencia que los cristianos siempre han concebido como una penitencia.

¿Podrías contarnos alguna experiencia que te sucediera?

Una experiencia muy buena fue que un compañero del seminario, Joseja, iba unas etapas por delante de mí y cada dos o tres días nos llamábamos y me contaba algunos trucos de las etapas siguientes.
Un gran momento fue que, al llegar a Santiago, después de visitar al Santo, fui a ganar el jubileo al convento de los franciscanos. Allí encontré una gran talla de San Diego de Alcalá al que yo siempre le he tenido mucha estima y devoción, porque es el patrón de mi parroquia.

¿Cómo crees que está el aspecto espiritual en el Camino?

Depende de lo que se quiera buscar y qué nivel de fe tenga uno. Me parece una propuesta atractiva a cualquier persona: alejada, cercana o indiferente. Es un gran pórtico de entrada para anunciar a las personas más distantes las grandezas de la fe que profesamos, en un entorno lúdico.

¿Qué se siente después de casi 600km al llegar a la Catedral del Apóstol?

Llegar a la catedral de Santiago es impresionante. Después de tantas noches en el camino llegas con una sensación dulce pero, al mismo tiempo, con las ganas de no querer acabar. Además pude disfrutar mucho de la última noche ya que dormí en Monte do Gozo, a 5 km de Santiago y, a la mañana siguiente, llegué sin que hubiera amanecido a la puerta de la catedral. Pude rezar mucho tiempo ante el cuerpo del Apóstol y visitar la catedral sin que hubiera nadie.

¿Lo recomendarías a alguien?

Se lo recomendaría a todo el mundo.