jueves, 14 de mayo de 2015

Manuel García


Manuel, ¿ha habido alguna novedad este año en Semana Santa en el Seminario?

Sí, algunos seminaristas hemos podido realizar una experiencia nueva. Los años anteriores fuimos a la parroquia donde estábamos de pastoral y vivimos allí todas las celebraciones de esos días santos, regresando cada día al seminario; mientras que la novedad de este año ha estado en que –aparte de poder estar en dichas celebraciones– también hemos podido convivir con nuestros sacerdotes, ya que comíamos –y hasta dormíamos– en sus casas.

A ti, ¿dónde te ha tocado?

En mi caso, yo pasé todos esos días en la parroquia de San Pedro y San Pablo de Coslada, junto a mi párroco, D. Arturo López Nuche, y su coadjutor, D. Isidro Maldonado.

¿Cómo has vivido esta experiencia?

Desde un primer momento, pude experimentar cómo la Iglesia es una verdadera familia, en su acogida y en su trato para conmigo por parte de los sacerdotes y de la comunidad. Otro aspecto muy bueno de esta novedad es que, al no tener que desplazarnos todos los días desde Alcalá hasta la parroquia, he podido pasar más tiempo con el Señor y vivir mejor los misterios celebrados estos días. Algo que me ha ayudado mucho ha sido poder pasar tanto tiempo con los sacerdotes de la parroquia, esas conversaciones que hemos podido compartir, su testimonio de vida y de ministerio sacerdotal, del que he podido aprender muchísimo y recibir un impulso renovado para mi preparación para este ministerio.

¿Has aprendido o conocido algo nuevo durante el Triduo Pascual en la parroquia?

Al igual que hemos compartido tantas cosas con los sacerdotes, también han sido unos días en los que he podido conocer más a la comunidad de esa parroquia, hablar con muchos miembros de ella, ayudar a preparar las celebraciones y la liturgia con los colaboradores más estrechos de la parroquia. Por todo ello, lo único que ahora puedo hacer es dar muchísimas gracias a Dios por todo lo vivido esos días y por cada una de las personas con las que he podido convivir todo ese tiempo.

Raúl Maside


 Raúl, ¿qué es y cuándo tiene lugar la Semana de Pascua?

Con la Misa de Resurrección del día 5 de abril dieron comienzo nuestras vacaciones de Pascua, tiempo que aprovechamos cada uno para descansar y disfrutar de la familia, hasta las Completas del II Domingo de Pascua. Fueron siete días que aprovechamos al máximo, sabiendo que al retornar nos esperaba la etapa final del curso con los exámenes a la vuelta de la esquina.

¿Cómo has vivido esta semana?

En mi caso, aproveché esa semana para ver a mis amigos, a los que tenía un poco abandonados, pasé tiempo con mi padre y hermanas y disfruté de mis sobrinos, los “peques de la casa”, la “alegría de la familia”.
Visité el santuario mariano de Torreciudad en Huesca, algo que me sirvió para descansar y cambiar de aires al pie de los Pirineos, una estampa inigualable y reconfortante. Estuve dos días, hospedado en un pequeño poblado turístico en la ribera del embalse del Grado.
El sábado 11 visité Santiago de Compostela, ciudad en la que viví durante un año. Fue un viaje un poco agotador de ida y vuelta en el día, aunque en avión, se hizo cansado; pero me permitió reencontrarme con amistades, conocidos y, sobre todo, muchos recuerdos. Aproveché para rezar ante el sepulcro del Apóstol, Patrón de España.
El domingo 12 volvimos al seminario, poniendo así punto y final a una semana de descanso, esparcimiento, de disfrutar con la familia y los amigos. A las 22.30 debíamos estar de vuelta para reencontrarnos todos, como no podía ser de otra manera, ante el Santísimo y rezar Completas antes del descanso nocturno.

¿Cómo resumirías esta semana, en la que, sin dejar de ser seminarista, la vives fuera del seminario?

Fue una semana de vacaciones totalmente normal, similar a la que pueda tener cualquier joven, en la que siempre se aprovecha para descansar y disfrutar de aquello que durante el curso no le puedes prestar tanta atención: la familia y los amigos.
He de confesar que al retornar al seminario sentí la vuelta al “calor del hogar”, donde los “hermanos seminaristas” convivimos en torno al amor filial del Señor.

sábado, 2 de mayo de 2015

Retiro mensual de Mayo

  Como cada primer sábado de mes, tuvimos la oportunidad de descansar con el Señor en un día de retiro. En esta ocasión tuvimos como predicador a D. Nicolás Urbano, sacerdote numerario del Opus Dei. Como viene siendo habitual, la jornada de retiro constó de dos meditaciones, una a las 10 horas y otra a las 16, de ratos largos de oración personal, de la celebración de la Eucaristía (a las 13 horas) como centro del día, en la que también nos predicó Don Nicolás, y de la exposición del Santísimo por la tarde.
  El hilo conductor del retiro giró en torno al Venerable D. José María García Lahiguera (1903-1989), arzobispo de Valencia y fundador de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote. Nuestro predicador realizó su tesis doctoral sobre la figura y persona de este venerable sacerdote.
  En la primera meditación, nos habló sobre la importancia de la Santidad y el Sacerdocio, que fueron los dos amores del Venerable García Lahiguera. Don Nicolás nos insistió en la exigencia de la santidad, debido a la alta dignidad que supone nuestra vocación.
  Sacerdos et hostia, lema del Obispo Venerable, fue el tema a tratar durante la homilía de la Eucaristía.
Por su parte, durante la segunda meditación, con el Santísimo Sacramento expuesto, nos habló de otros dos amores del Venerable D. José María: Cristo y María.



  Damos las gracias a Don Nicolás por haber compartido con nosotros su amor al Señor y por habernos mostrado el camino de amistad con D. José María García Lahiguera.