martes, 6 de octubre de 2015

Verano de Jose Javier




¿Cómo has pasado el verano?
          El verano comenzó el 30 de junio por la tarde, cuando nos dieron las vacaciones en el seminario. Ahí comenzó mi verano, un tiempo muy importante para un seminarista, en el que el tiempo y la organización del día, de la oración, la eucaristía, los ratos con los demás te los organizas tú mismo.
El día 1 de julio me incorporé al campamento de mi parroquia, un campamento Scout que comenzó una semana antes pero que hasta ese día no pude participar. Se desarrolló muy cerquita de San Vicente de la Barquera (Cantabria). Fueron cinco días muy activos, ya que el mismo movimiento scout requiere mucha actividad e involucración en todo momento con los chicos. A la semana siguiente, acabado el campamento, me fui cinco días a un Hospital de Peregrinos del Camino de Santiago, en Tosantos (Burgos).
           
       Como vengo haciendo desde hace cuatro años, ayudo a José Luis, un hombre que lleva dedicando más de la mitad de su vida al camino de Santiago y a la acogida cristiana en el Camino. Allí les acogemos, atendemos, hospedamos y procuramos crear un ambiente de familiaridad cristiana, culminando el día con una pequeña oración en el oratorio. También estuve unos días con mi familia en la playa, ya que durante el curso es más difícil estar con ellos.
La segunda quincena de julio hice el Camino de Santiago con un amigo sacerdote y su hermano. Comenzamos en Oviedo e hicimos el Camino Primitivo que nos llevó a estar peregrinando durante once días.

Pero la experiencia más fuerte del verano fue el mes de agosto en Ecuador, participando de una experiencia misionera con la Delegación diocesana de misiones, a la que fuimos dos seminaristas de Alcalá, y dos personas más con inquietud misionera.


¿Qué actividades he estado haciendo en Ecuador?
     Nuestra estancia en Ecuador tuvo lugar en tres provincias distintas; la primera fue en un pueblo muy pequeñito, cerca de la capital de la provincia (Puertoviejo).

     Allí estuvimos en un colegio, acogidos por las Siervas del Hogar de la Madre. Dábamos clases de religión, contábamos nuestro recorrido en la fe, hacíamos misión por los barrios, visitando las casas y hablando del Sagrado Corazón. También trabajamos en el colegio ayudando a hacer una zanja para las épocas torrenciales. El segundo lugar en el que estuvimos fue Chone, una ciudad grande, y estuvimos viviendo en una parroquia con los dos sacerdotes que están al cargo en ella. Fueron ocho días muy hermosos, donde pudimos acompañar a los sacerdotes en diversas tareas pastorales: eucaristías en diversos lugares de la ciudad, funerales, bautizos, visitas a enfermos.
 
       También dimos muchas catequesis a diferentes grupos, especialmente a padres y catequistas. Tuvimos la oportunidad de trabajar en el campo dos días, participando con jornaleros de la realidad laboral del pueblo ecuatoriano, plantando maíz y sembrando café.  La tercera experiencia se desarrolló en la selva, en el vicariato del Puyo, al este del país. Allí pudimos adentrarnos en comunidades indígenas después de andar cinco o seis horas por la selva. Fue una experiencia muy gratificante. Estuvimos tres días dentro de las comunidades shuar, comiendo y conviviendo con ellos, hablándoles del Señor y celebrando la Eucaristía.


4) ¿ Hay alguna experiencia que te haya marcado durante tu estancia allí?
         Sin duda, la experiencia en el Puyo, la selva, fue la experiencia que más me ha marcado. En primer lugar por el sacerdote que está allí al cargo de 66 comunidades indígenas. Los dos seminaristas estuvimos siempre con él. Fue quien nos dio las pautas para la marcha por la selva, de cómo dirigirnos a los indígenas, el trato con ellos, consejos, etc.

        Ciertamente el padre Pedro fue un testimonio impactante, un sacerdote que cada día da su vida por llevar el Evangelio a comunidades que tienen ese deseo de infinito, de llevar la Eucaristía a poblados que acaban de conocer al Señor y de hacer llegar la Palabra a aquellas comunidades que aún no conocen al Señor.

       Aquellos días compartidos con esa comunidad shuar fue una auténtica bendición, a la par que una aventura: vivimos experiencias que aquí no se viven, es decir, atravesar ríos andando, serpientes y culebras, tarántulas, mosquitos venenosos, etc.


5) ¿Que consejo darías  a los jóvenes que están pensando  un voluntariado o misión?
         “Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies unos a otros, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”, Juan 13,14-15. Ciertamente debemos de salir de nosotros mismos y darnos a los demás, y esto que el Señor ha hecho por cada uno de nosotros debemos hacerlo con los demás.

          Es cierto que en el ambiente en el que vivimos es difícil salir de uno mismo. Por ello, invito a todos a hacer voluntariados en los que nos demos a nosotros mismos para darnos a los demás al ejemplo de Jesús. Irse de campamento con muchachos de parroquias, ser hospitalero en el Camino de Santiago o irse de misión es algo que puede hacer cualquiera. Solo hay que tener algo claro: querer llevar a Dios a los demás, tener ese celo que han tenido los santos porque todos conozcan al Señor.

6) ¿Qué esperas de tu 5º año en el seminario?
       Quinto puede ser un año muy hermoso. Por un lado, es inevitable pensar en las futuras tesis de junio, es decir, el examen final de bachiller que se hace como síntesis de los cinco años de carrera.

     Por otro, el pensar que mis compañeros de un curso superior serán ordenados en octubre, por lo que el día de la ordenación está mucho más cercano que hace cinco años, cuando ingresé en el seminario. Viviendo el año de la Misericordia y los 25 de la reinstauración de nuestra diócesis, será un año bello y una oportunidad de oro para crecer en santidad y prepararme más afondo en este camino sacerdotal.